Editorial. - La Causa Laboral

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Editorial.

Este año como en cada 8 de marzo, en nuestro país y en buena parte del mundo entero, conmemoramos y reivindicamos la importancia de la acción, la organización y la construcción colectiva, honrando la lucha iniciada por mujeres y disidencias en el camino hacia la igualdad, que comenzó por la conquista del derecho al voto, la lucha por la limitación de la jornada de trabajo, las condiciones dignas y equitativas de labor, el acceso al empleo, a los cargos públicos y a la formación profesional, así como el reclamo por el fin de la violencia y la discriminación laboral, para sumar el reclamo por la erradicación de estereotipos de género, binarios y patriarcales, la deconstrucción de viejas estructuras y la construcción de nuevos paradigmas.
Tenemos una larga historia feminista y en los últimos años el movimiento feminista se ha potenciado ya que hemos tomado la calle, la plaza, alzando la voz con el firme propósito de subvertir el orden heteropatriarcal, racista y neoliberal.
Luego de dos largos años de encierro y pandemia, la violencia contra nosotras y nosotres – en todas sus formas – se ha incrementado, lo que se refleja en las elevadas tasas de femicidios, transfemicidios y travesticidios: una víctima de violencia de género cada 26 horas.
Por tales motivos es que urge avanzar con una reforma judicial feminista, que determine que no se pueda mirar a otro lado negando y subestimando la realidad violenta en la que vivimos, en la que nos violan, nos pegan y nos matan diariamente con total impunidad, y visibilizar la centralidad de nuestra participación en todas las esferas y ámbitos de la vida, especialmente en el mundo del trabajo.
Nuestra disciplina de ejercicio del derecho del trabajo no es ajena sino que es constitutiva de las desigualdades que aún permanecen vivas hacias las mujeres y disidencias. Estamos atravesadas por precariedades y discriminaciones que se expresan tanto en el trabajo remunerado, como en la injusta distribución de los trabajos de cuidados, sobrecargando especialmente a mujeres y disidencias, afectando nuestros cuerpos, nuestra salud integral, todo lo cual, se agrava aún más, si lo cruzamos con una mirada interseccional, con otras situaciones de vulnerabilidad, como son la clase, edad, raza, entre otras.
Es urgente el diseño y ejecución de políticas públicas que modifiquen estos patrones y estereotipos socio-culturales, en el compromiso de los y las abogadas laboralistas, de los jueces y juezas del trabajo y de las organizaciones sindicales la construcción de un derecho laboral feminista, que en la protección de la persona frente a la asimetría capital-trabajo, tenga enfoque de género. Sólo de esa manera se podrá cumplir con el principio protectorio contenido en el art. 14 bis de nuestra Constitución Nacional.
El derecho laboral feminista persigue quebrantar los privilegios de esta sociedad patriarcal, heteronormativa, racista y capitalista, para luchar contra las violencias machistas, por la justicia social, el derecho a decidir y disponer de nuestros cuerpos, el derecho al trabajo, la vivienda, la salud, la educación, la soberanía alimentaria, contra el extractivismo, la explotación, la guerra, y el pago de la deuda externa. COMUTRA
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